Más bebés en residencias: una realidad que no podemos ignorar
















Por Diego Torres Otondo

Departamento de Comunicaciones y Marketing



En los últimos cuatro años, Chile ha visto un aumento alarmante: cada vez más bebés están creciendo en residencias de protección del Estado.

Entre octubre de 2021 y marzo de 2025, el número de menores de dos años en estas instituciones aumentó un 72 %, pasando de 233 a 401 casos.

Detrás de cada cifra hay un nombre, un llanto, una historia que merece ser escuchada.

El total de niños, niñas y adolescentes bajo tutela estatal también ha crecido, alcanzando más de cinco mil en febrero de este año.
El sistema, representado por el Servicio Nacional de Protección Especializada (Mejor Niñez), ya está al límite de su capacidad, y esto abre una pregunta urgente:
¿Estamos realmente cuidando a nuestra niñez como merece?

El porqué de este aumento 

Los primeros mil días: un tiempo que no se recupera
Es en este periodo cuando los vínculos afectivos sólidos, la estimulación temprana y la sensación de seguridad marcan para siempre la vida de un niño o niña.
Vivirlo en una institución, por más esfuerzos que se hagan, no es lo mismo que crecer en brazos de una familia.

Familias de acogida: una esperanza que necesita apoyo
No se trata solo de tener más voluntarios, sino de entregarles formación, acompañamiento y recursos para que puedan ejercer este rol tan importante sin sentirse solos ni desbordados.
Y esa decisión cambia destinos.

Un llamado que nos involucra a todos
Es un reflejo de nuestras falencias como sociedad: de cómo prevenimos, cuidamos y acompañamos a las familias antes de que la crisis se desborde.

Pero este no es un problema aislado.

Las razones son múltiples y complejas:

  • Casos graves de vulneración de derechos en los hogares de origen.

  • Falta de familias de acogida disponibles.

  • Más denuncias y derivaciones por parte de tribunales y organismos de protección.

La combinación de estos factores genera un embudo que desemboca en las residencias, lugares que, aunque cumplen un rol protector, no sustituyen el calor y la estabilidad de un hogar familiar.

Expertos coinciden en que los primeros mil días de vida son cruciales para el desarrollo físico, emocional y cognitivo de una persona.

Frente a esta realidad, se hace urgente fortalecer el sistema de familias de acogida.

Porque una familia de acogida no solo abre la puerta de su casa, sino también la de su corazón.

El aumento de bebés en residencias no es un problema que deba quedar únicamente en manos de las autoridades.

Cada bebé que crece sin una familia cercana representa una oportunidad perdida… pero también un recordatorio de que podemos hacer algo ahora: apoyar programas de acogida, visibilizar esta realidad, exigir políticas públicas más efectivas y, sobre todo, no mirar hacia otro lado.

Porque cuidar de la niñez no es solo tarea del Estado, es tarea de todos.


 

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